Descubrir la realidad sobre la masonería es muy doloroso para sus miembros y familiares. Pero el dolor puede llevar al bien si ayuda a la conversión de vida.
Debemos amar a los masones sinceramente ya sean familiares, amigos o desconocidos. Debemos también apreciar y reconocer lo bueno que hagan.
La condena de la Iglesia no es falta de caridad sino una verdadera expresión de amor. Enseñar la verdad y advertir el error es un gran acto de amor. Por eso la Iglesia tiene el deber de alertar a sus hijos sobre el peligro que los graves errores de la Masonería acarrean a su alma y las consecuencias para la vida eterna. Eso mismo también es lo que hiño Jesús. Vemos el ejemplo de Jesús con los recaudadores de impuestos y con los pecadores en general. Ama al pecador mientras condena el error y el pecado.
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